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ASERTIVIDAD EN NUESTRAS RELACIONES

ASERTIVIDAD EN NUESTRAS RELACIONES

Asertividad

Entendemos la asertividad como una parte de las habilidades sociales, que reúne las conductas y pensamientos que nos permiten defender los derechos de cada uno sin agredir ni ser agredido.

Podríamos definirlo también como un estilo de comunicación que nos permite la interacción con los demás respetando sus ideas, sentimientos y opiniones, aunque no coincidan con las nuestras; un estilo fundamental en las relaciones humanas. Teniendo en cuenta que las personas somos seres sociales, la asertividad es una herramienta de valor incalculable, ya que siendo asertivos manifestamos nuestros derechos sin manipular ni ser manipulados.

Pongamos un ejemplo: Te sientas en un restaurante a cenar. Cuando el camarero trae lo que le has pedido, te das cuenta de que la copa está sucia, con marcas de carmín de otra persona. Podrías:

a) No decir nada y usar la copa sucia a disgusto (estilo pasivo)

b) Armar un escándalo y gritarle al camarero que nunca volverás a cenar (estilo agresivo)

c) Llamar al camarero y pedirle por favor que cambie la copa (estilo asertivo)

Ni a) ni b) son conductas apropiadas en esta situación si lo que pretendemos es reducir nuestro estrés. Estas formas de comportamiento pueden hacernos ineficaces para la vida social, generándonos malestar. Sin embargo, la asertividad, como cualquier otra conducta, es algo que podemos ir aprendiendo con la práctica.

Las personas tenemos derecho a defender nuestros derechos, creencias y opiniones ante situaciones que consideramos injustas, sin que esto signifique ser quejicas ni acusadores. Vamos a exponer a continuación una serie de ideas falsas y los derechos que son violados:

No hay que interrumpir nunca a la gente. Interrumpir es de mala educación.

– Tienes derecho a interrumpir a tu interlocutor para pedir una explicación.
Mis problemas no le interesan a nadie y no voy a molestar a nadie con ellos.

– Tienes derecho a pedir ayuda o apoyo emocional.
Tengo que adaptarme a los demás, ya que no quiero perder su amistad.

– Tienes derecho a decir “NO”
Cuando alguien tiene un problema hay que ayudarle.

– Tienes derecho a decidir cuando prestar ayuda a los demás y cuando no.

La asertividad mejora la posición social, el respeto y la aceptación de los demás, ya que al practicarla se hace un reconocimiento de la capacidad de uno mismo de afirmar nuestras creencias y opiniones, sin embargo, conviene recordar que ser asertivo no significa querer tener siempre la razón, sino expresar nuestros puntos de vista, sean o no correctos. Todos tenemos derecho a equivocarnos.

Algunas frases célebres para ilustrar el concepto de asertividad:

“La diferencia básica entre ser asertivo y ser agresivo es la forma en que nuestras palabras y comportamientos afectan a los derechos de los demás”. (Sharon Anthony Bower)

“La forma en que nos comunicamos con los demás y con nosotros mismos, en última instancia, determina la calidad de nuestras vidas”. (Anthony Robbins)

“Ni sumisión ni agresión, sólo asertividad”. (Walter Riso)

CRISIS DE ANSIEDAD “MIEDO AL MIEDO”

CRISIS DE ANSIEDAD “MIEDO AL MIEDO”

Ansiedad

La ansiedad depende de las discrepancias entre las demandas del medio externo o interno y la manera en que las personas percibimos que podemos dar respuesta a esas demandas.

Seyle definió el estrés como una respuesta inespecífica a cualquier tipo de demanda. A un evento estresante el organismo debe adaptarse cuando el evento es de dimensión o es interpretado por nosotros como algo de dimensiones importantes.

La ansiedad es una respuesta adaptativa cuando aparece ante un peligro real, nos prepara para huir, luchar y preservar la vida. El problema aparece cuando este mecanismo de ansiedad se desencadena ante un “peligro imaginario” pero que es interpretado por nosotros como amenazante.

Los efectos físicos que provoca el estrés en nosotros son percibidos como peligros añadidos, pero en realidad, nuestro cuerpo intenta adaptarse a la situación reaccionando así, ya que pone en marcha los recursos necesarios para afrontar el “peligro” percibido. Tememos a la situación amenazante y también a los efectos físicos que provoca. Podríamos definirlo como “miedo al miedo”

A menudo una crisis de ansiedad genera en la persona que la sufre un pánico intenso a sufrir un infarto, un ataque cerebral, una parálisis, sensación de ahogo, desmayo, desvanecimiento, enfermedad, a volverse loco/a, incluso miedo a morirse.

¿Cuáles son estos cambios físicos debidos a la ansiedad y su explicación real?

– Taquicardia. Ante una situación estresante, el corazón reacciona bombeando más fuerte y rápido para enviar sangre a las zonas vitales que lo necesitan, y así preservar la vida.
– Pérdida de sensibilidad, palidez, frío. La sangre se concentra en las vísceras, dejando las zonas periféricas con un riego menor.
– Ahogo, falta de aire. Hiperventilación. Aumento del O2 en la sangre -estado contrario al ahogo-
– Bajada de la presión arterial. Producida por la hiperventilación.
– Dolor en pecho y/o brazo, pinchazos. Tensión muscular en la zona, posturas incorrectas prolongadas. Patrón anómalo de respiración -mantener los pulmones demasiado llenos-
– Calor, sudor, sofoco. Aumento de temperatura corporal en las zonas vitales. El organismo pone en funcionamiento el sistema de enfriamiento -glándulas sudoríferas-
– Boca seca, náuseas, sensaciones estómago. Descenso de la activación del sistema digestivo.
– Ver “lucecitas”, sensación molesta de la luz, manchas en la visión. Las pupilas se engrandecen y dilatan para aumentar la visión periférica.
– Temblores, pinchazos y calambres. Tensión muscular excesiva.

El tratamiento para estas crisis comienza con una evaluación exhaustiva de las situaciones estresantes y sus efectos. Para ello se utilizan registros fisiológicos y cuestionarios de evaluación referidos a la ansiedad, que puedan medir el nivel de estrés.

Esto permite tratar de forma personalizada cada caso y diseñar las técnicas más adecuadas para cada persona, en función de su problema específico.

Los temidos “ataques de pánico” tienen un buen pronóstico si se siguen las pautas adecuadas y se combinan técnicas de exposición, reestructuración cognitiva, relajación y entrenamiento en respiración.

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CÓMO PASAR LA NAVIDAD SIN NUESTROS SERES QUERIDOS

CÓMO PASAR LA NAVIDAD SIN NUESTROS SERES QUERIDOS

Tristeza

Sabemos que la muerte es un hecho inevitable pero no solemos estar preparados para afrontar la pérdida de un ser querido y superar su muerte. Esto supone aceptar que perdemos a la persona no sólo físicamente sino también el papel que ocupaba en nuestra vida y el papel que ocupábamos nosotros en la suya. Es natural que nos sintamos tristes y vacíos.

Estos sentimientos se acentúan en navidad, porque tradicionalmente nos reunimos en familia y es en estas fechas cuando la tristeza se apodera de nosotros al recordar a quien ya no está.

Pero se nos olvida que siempre hay algo que celebrar, y que si nuestros pensamientos son de tristeza y desolación, nuestra actitud transmite esencialmente lo mismo: “tristeza y desolación” El poder que nuestra forma de pensar tiene sobre todo aquello que hacemos es inmenso. “Si pienso continuamente en la pérdida, conseguiré sentirme cada vez más y más triste…” Y generaremos a nuestro alrededor un clima contagioso de amargura, ¿es eso lo que queremos ofrecer a las personas que nos rodean?

La navidad, como cualquier otra celebración, puede ser vivida con alegría si pensamos que es un momento más de nuestras vidas que nos da la excusa perfecta para reunirnos, para acompañarnos y sobre todo para agradecer, que si sabemos buscar bien, siempre encontraremos motivos para agradecer.

Durante el proceso de duelo, la mejor forma de superar la muerte de un ser querido, es aceptar que aunque físicamente ya no está con nosotros, espiritualmente seguirá acompañándonos, seguirá estando vivo/a en nuestro pensamiento, en nuestro quehacer diario. Recordar con cariño todos los momentos vividos puede ser nuestro mejor homenaje y nos ayudará a aceptar su partida de una forma progresiva.
No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará el suyo, a pesar de que muchas veces nuestros familiares y amigos nos apremian porque quisieran vernos en la normalidad quizá porque así tampoco ellos sufrirían tanto, pero sólo cada uno de nosotros sabe lo que necesita.

Integrar el duelo es todo un proceso que conlleva el reconocer el dolor que nos produce la pérdida, aceptar que nos duele, aceptar las ausencias, aceptar que ha muerto, llorar, manifestar el dolor e iniciar progresivamente el camino de regreso a la realidad y a nuestro propio orden de las cosas. Llenar espacios vacíos, recordar a la persona tal y como era mientras vivía, tenerle presente en nuestro corazón.

Las distintas etapas del duelo:

– Negación: No creemos que sea cierto, esto nos permite amortiguar el dolor ante una noticia tan traumática como puede ser la muerte de un ser querido. Esta defensa provisional pronto podrá ser sustituida por una aceptación parcial de la realidad.

– Ira: La negación es sustituida por la rabia y el resentimiento, surgen todos los porqué… la ira se desplaza en todas direcciones y nos quejamos por todo. De forma injusta la consecuencia de esta “ira” la sufren los seres que tenemos al lado. Más tarde, llega de nuevo el dolor y las lágrimas, la culpa, la vergüenza… Es importante que la familia y los amigos no tomen esa ira como algo personal, ya que esto podría fomentar actitudes hostiles que agravarían la situación.

– Negociación: Surge la necesidad de llegar a un acuerdo con la gente y con Dios, que nos ayude a superar el trauma.

– Depresión: Cuando termina la fase de negación, nos debilitamos, adelgazamos, aparecen otros síntomas y nos sentimos invadidos por una profunda tristeza. Es un estado en general transitorio que nos prepara para la aceptación de la realidad. Es contraproducente que intenten animarnos cuando estamos en esta fase, ya que lo que necesitamos es expresar nuestro dolor y sentirnos aceptados y comprendidos. Es una etapa en la que se necesita mucha comunicación y acercamiento. Tal vez nos transmitan más si acarician nuestra mano o si permanecen en silencio a nuestro lado.

– Aceptación: Si hemos pasado por las distintas etapas anteriores, contemplaremos el devenir con más tranquilidad. Pero la aceptación no es una etapa feliz, en un principio está casi desprovista de sentimientos. Empezamos a sentir paz y ya no sentimos tanta necesidad de hablar de nuestro dolor. La vida se va imponiendo. Ayuda el buscar una actividad gratificante que nos permita ocupar nuestro tiempo.

Es importante recordar que existen motivos para estar alegres, no vaya a ser que a fuerza de sentirnos amargados, vayamos aprendiendo la técnica y la practiquemos cada vez más, convirtiéndonos en unos “expertos amargados”, ya que como todas las técnicas, ésta también se aprende y se va instalando en nosotros hasta hacerse crónica.

Tendemos a centrarnos en las personas que faltan y sentirnos desdichados pero en medio del dolor que nos producen los recuerdos del pasado, olvidamos disfrutar los momentos presentes con los seres que tenemos al lado. Puestos a pensar, seguro que no tardamos en darnos cuenta de que existen numerosas razones para agradecer. También ésta es una técnica que podemos aprender, y generar así emociones más saludables y positivas.

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